En Carta Financiera contamos con profesionales del más alto nivel. Pero lo que verdaderamente nos distingue es que conocemos los mercados financieros en la práctica, con todas las aristas de una ejecución exitosa.
Nos gusta expresarnos con palabras simples sin abusar de términos técnicos que muchas veces sólo ayudan a confundir. Lo más importante en esta instancia es que cada inversionista se sienta cómodo con las características de su portafolio. Por eso nos concentramos en dos puntos principales: el riesgo a asumir y el objetivo de la cartera.
El nivel de riesgo que asumimos es lo que nos va a permitir -o impedir- dormir por las noches. Y aquí lo central es poder definir concretamente qué quiere decir riesgo para cada caso. Esta no es una tarea simple en todo momento, lo mejor es ayudar a que el inversionista aprenda por si mismo cuales son las diferentes maneras de medir el riesgo y que entienda cuales son sus pro y sus contras.
El objetivo de la cartera no necesariamente debe traducirse en un determinado retorno. Es siempre más conveniente pensar en términos de metas concretas que se quieran alcanzar.
¿Qué elementos de riesgo deben evaluarse?
- ¿Cómo se ejecuta una determinada estrategia?
- ¿Cuál es la relación riesgo-retorno?
- ¿Existe un modo de saber si existe ese número?
- ¿Cuál es el nivel de drawdown esperado?
- ¿Qué medidas de eficiencia podemos usar?
- Ante todo: ¿puede Ud. dormir a la noche?
¿Cómo deberíamos calcular nuestros objetivos?
Típicamente, como seres humanos, nos cuesta distinguir entre un objetivo y el camino necesario para alcanzarlo. Esto pasa en buena medida porque tenemos una tendencia natural a querer evaluar el recorrido de nuestras inversiones con una frecuencia mas alta que la recomendable. En consecuencia, somos víctimas del espejismo que causan las idas y vueltas en los precios y simplemente no estamos cómodos con esas oscilaciones. ¿Qué debemos hacer? Aprender a convivir con la volatilidad.
¿Qué es razonable esperar en el largo plazo de una estrategia?
¿Respuesta rápida? Lo razonable es esperar oscilaciones.
Pero, ¿por qué nos desagrada siempre la idea de las oscilaciones? En realidad, lo que nos molesta es que podemos ver como se mueven los precios de nuestros activos. Sin embargo, muchas de las cosas que tenemos, tienen grandes oscilaciones que parecen no afectarnos porque no vemos diariamente su precio.
Este es el caso de quien es dueño de un departamento o una empresa. Su valor oscila dramáticamente a lo largo de los años. Pero afecta en menor medida porque no hay un precio objetivo frente al cual uno pueda decir “ahora mi departamento vale 20% menos que hace unos meses” o “mi empresa en este momento vale el 25% de lo que valía unos años atrás”.
En la jerga financiera, se habla de drawdown para describir cuánto ha caído el precio de un activo desde su último máximo. Y debemos entender que para llegar a un gran crecimiento en el mediano-largo plazo, es necesario aprender a convivir con el drawdown.
